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Bregar como filosofía de vida

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Es curioso que sea nuestra bodega la única que se ha tomado en serio la conjugación de un verbo. Tan en serio nos lo hemos tomado que conocemos el presente, el pretérito, el futuro y demás formas de un verbo irregular que nos define. Porque nosotros bregamos y hemos bregado. Nuestros ascendientes bregaron. Casi toda nuestra vida y la de los nuestros, agricultores, campesinos, familias enteras vinculadas a la labranza, al campo, han estado dedicadas a conjugar el verbo bregar. Por eso, cuando tuvimos que poner nombre a nuestra bodega, lo hicimos en un alarde y casi homenaje a un verbo que elegimos de entre todos los que aparecen en la Real Academia Española. Por eso nuestros vinos responden al nombre Briego, al igual que nuestra bodega. Lo mejor de este verbo es que vamos a seguir conjugándolo  durante muchas décadas más. Nos queda mucho por bregar todavía. La viña, la encina…  Aún recordamos el primer vino que llevó nuestro nombre en la etiqueta, allá por el año 1992. Fueron 20.000 botellas de un joven con 6 meses en barrica. Así empezó a bregar nuestro vino hace más de 25 años.

Los hermanos Benito, Gaspar, Fernando y Javier, cuando recuperaron la tradición vitivinícola de la familia, como ya lo hiciera su padre hace casi 50 años, estaban convencidos de que el reto al que se enfrentaban no era menor. De ahí que la lucha llevada a cabo en las prácticas culturales de las viñas y los esfuerzos en la comercialización de los primeros vinos pusiera en bandeja el inicio del verbo bregar en la familia. Seguimos bregando, que es gerundio.

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