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Cuando llegaron las primeras trufas

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Nuestra parcela enoturística se va a ver enriquecida con una doble versión de la cata. Por un lado, nuestros vinos tintos de distintas añadas, con diferentes diseños enológicos y, por el otro, la cata de las trufas negras. Todo un espectáculo sensorial  que en Bodegas Briego tiene  su propia historia.

Nuestra bodega, situada en Fompedraza, en lo más alto del Valle del Duero, será la primera empresa situada en el medio rural y dentro del ámbito geográfico de la Denominación de Origen Ribera del Duero en proporcionar a los visitantes parte de la cultura de la trufa. Los consumidores tendrán la posibilidad de entrar en un mundo sensorial impactante, como es el que nos ofrecen el aroma, la textura y las características de una  “tuber melanosporum”, comúnmente denominada trufa negra, y conocida en el mundo de la gastronomía mundial como “el diamante negro”.

Cuando los hermanos Benito decidimos iniciar la plantación de encinas, generamos muchas incógnitas en el entorno, pues era una iniciativa pionera en la Ribera del Duero. Aun así, la decisión tenía un fuerte argumento y un buen razonamiento agronómico.  Las características de nuestro suelo, con un importante aporte de caliza, lo convierten en el terreno ideal para la plantación de la encina, un árbol que, por otro lado, forma parte del paisaje del Duero. En este caso, no nos encontramos ante las encinas tradicionales (“quercus ilex”), sino ante encinas micorrizadas, es decir, pequeños plantones que, con los años, permitirían la fructificación de las trufas negras bajo el suelo de las encinas.

Para que pudiésemos ofrecer a nuestros visitantes y consumidores el fruto de nuestras encinas han tenido que pasar 10 largos años y será a partir de ahora cuando se inicie la recolección, muy despacio, en pequeñas partidas, del célebre diamante negro. En este caso, un diamante de Fompedraza y pionero en el Valle del Duero.

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